Esta es la primera vez en mi vida en que empiezo un
nuevo camino profesional en el que puedo decir que no parto de cero.
Anteriormente, tanto cuando comencé mi carrera de actor como cuando empecé en
el mundo de la jardinería, partía desde la inexperiencia. Ahora, en cambio
puedo decir que a través de mi experiencia como profesor de teatro, impartiendo
clase durante años a colectivos que han ido desde abuelas de ochenta años a
niños y niñas de primaria he adquirido unas competencias pedagógicas que me
permiten disponer de ciertos recursos didácticos con los que enfrentarme a
estas prácticas. Además considero esencial mi experiencia como padre de un niño
de seis años, con el que acabo de compartir la construcción de su identidad, de
su autonomía, de su aprendizaje… desde una posición privilegiada.
Evidentemente la enseñanza de las artes escénicas
comparte muchos ámbitos de aprendizaje con la educación infantil, ya que el
camino madurativo que recorre el niño desde la pulsión hasta la descentración
lo ha de hacer de forma inversa el adulto que realiza un curso de expresión
corporal: las herramientas son las mismas: la observación, la secuenciación
didáctica, la planificación, el juego, la identificación de las emociones, la
expresividad sensoriomotriz…
Por tanto puedo decir que sé hacer una planificación
de aula, y que sé adaptar los contenidos
tanto a los objetivos planteados como a aquellas situaciones que surgen de
improviso en el transcurso de los procesos de construcción del aprendizaje. En
un taller de teatro se tienen que hacer continuamente adaptaciones a los
ejercicios planteados para dar respuesta a los diferentes ritmos individuales
de aprendizaje de los alumnos. Por tanto, la evaluación está unida a un proceso
de constante observación: el profesor de teatro ocupa una posición parecida a
la del educador de infantil, es decir la del observador que ejerce la escucha
activa. Evidentemente el aprendizaje que el niño hace de forma natural a través
del juego, en el adulto muchas veces requiere de un camino pautado que elimine
los bloqueos mentales que no existen en el niño. De todas formas, tanto la
asamblea del “bon dia” como la del “acomiadament” me recuerdan mucho el inicio
y el final de mis clases de teatro y la puesta en común en la que evaluábamos
conjuntamente con los alumnos las experiencias de aprendizaje vividas en el
transcurso de la sesión.
En cuanto a las competencias que ha de tener
un docente a la hora trabajar en equipo, tengo que decir que he tenido la
suerte de poder participar en varios proyectos educativos en los que he estado
desde el germen de la idea hasta hacerlos realidad. De todas formas tengo que
reconocer que muchas veces me ha faltado la confianza en el trabajo de mis
compañeros a la hora de trabajar en equipo, aunque soy consciente de ello y
estoy intentando corregirlo. De hecho, el otro día en el aula me puse a
supervisar el trabajo de mi tutora de prácticas, mientras me ayudaba a llevar a
cabo una actividad que había diseñado yo, hasta que me di cuenta de lo que
estaba haciendo e intenté corregir mi actitud.
Por otro lado, tengo que decir que para mí es
esencial ser competente a la hora de abordar los compromisos éticos del docente. De
hecho, creo que nunca hemos de dejar de lado nuestra posición consciente como
modelos de los pequeños y establecer una relación sincera con los niños desde
la confianza en que son personas competentes para la acción autónoma. Creo que todo aquel que trabaje en la educación de los más pequeños tiene una responsabilidad y un compromiso esencial con nuestra sociedad.
Por último, tengo que decir que una de las carencias
competenciales que tengo como futuro maestro de infantil es la de la falta de pericia a la
hora de enfrentarme al uso educativo de las TIC, ya que me he introducido en el
mundo de las nuevas tecnologías hace poco tiempo. De todas formas está en mis
planes de formación continua completar mi competencia digital, ya sea de forma
autodidacta o mediante cursos. Soy
consciente de la exigencia que todo docente tiene de estar en continua
formación. De hecho tengo planeado hacer el posgrado de educación Infantil de Pedagogía
Waldorf para ir adquiriendo competencias que me acerquen a un futuro
profesional con un estilo docente más acorde con mi forma de ver la educación
infantil.
Justificación de las competencias:
Al reflexionar sobre mi actuación como educador, trabajo con la competencia (1.2), que marca y pondera los elementos que favorecen una buena práctica educativa. Esta reflexión está basada en razonamientos y contrastada con la información teórica de que dispongo (1.4)
Mis reflexiones sobre las competencias personales y profesionales, mis puntos fuertes y débiles (2.1) suponen la identificacion de mis objetivos (2.3) y la autoformulación de preguntas sobre mi propio proceso de formación (2.4)
Justificación de las competencias:
Al reflexionar sobre mi actuación como educador, trabajo con la competencia (1.2), que marca y pondera los elementos que favorecen una buena práctica educativa. Esta reflexión está basada en razonamientos y contrastada con la información teórica de que dispongo (1.4)
Mis reflexiones sobre las competencias personales y profesionales, mis puntos fuertes y débiles (2.1) suponen la identificacion de mis objetivos (2.3) y la autoformulación de preguntas sobre mi propio proceso de formación (2.4)
