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martes, 7 de mayo de 2013

EL CASTIGO ( creencias)








El aula de bebés de ses Païsses "Els peixets", está tranquila. Charo y yo estamos dando de comer a los bebés. Se abre la puerta y entra una maestra con una niña del tercer nivel llorando. La deja en el suelo pataleando y se va diciendo que ya está muy harta. Al parecer no ha respetado las normas del comedor hasta hacer perder la paciencia de la educadora. La pequeña llora insistentemente en el rincón del aula. En un momento me acerco a ver como está y se me avisa de que la ignore. La ignoro. Me siento incómodo con la situación. A los diez minutos vuelve la maestra, se acerca a la niña y le dice si ya está preparada para volver al comedor respetando las normas. La niña dice que sí. Se dan un beso i se van las dos juntas. La tranquilidad vuelve al aula. Preparamos a los bebés para la recogida.

Esta situación de la que fui testigo tres veces con los mismos protagonistas, me brinda la oportunidad de reflexionar sobre las creencias que pueden subyacer detrás de cualquier práctica educativa.  Debido a la vulnerabilidad de la infancia, CREO que la docencia es una de las profesiones en la que las personas que la ejercen deberían tener un grado de madurez suficiente para ser conscientes de sus miedos,  sus emociones, sus debilidades y sus virtudes.  Si no, corremos el riesgo de realizar estrategias e intervenciones pedagógicas en las que inconscientemente nos proyectemos en los niños.
En el caso descrito  se podría plantear la hipótesis de que la maestra tiene la creencia consciente de que los métodos conductistas de modificación de la conducta mediante estímulos negativos, como un castigo, son adecuados  y eficaces a la hora de realizar un aprendizaje. Sin embargo, debajo de esta creencia podría haber otras ocultas como el miedo a perder autoridad delante del niño o del grupo-clase, lo que demuestra inseguridad en uno mismo. Esta inseguridad lleva a faltas de respeto como la que vemos en esta situación en la que se “degrada” a la niña a una condición que es insultante para ella :  “Si no sabes respetar las normas como una niña”….tendrás que estar con los bebés. De esta forma se pone de manifiesto otra creencia que en este caso se transmite a la niña y es que ser bebé es un estadio inferior.    Por otro lado, también se podría decir que esa creencia consciente en la metodología conductista oculta una falta de recursos pedagógicos, lo que  la lleva a utilizar el más fácil: un método de eficacia contrastada a la hora de modificar conductas: el castigo, dejando de lado las consecuencias que esto puede acarrear en la niña. En este sentido, el miedo al cambio de la educadora, a equivocarse, evita la búsqueda de otras herramientas pedagógicas  y la reafirma en la eficacia de la que usa, entrando en una espiral peligrosa que le permite ocultar su inseguridad profesional. Para poner la guinda de esta intervención, vemos que después de abandonar a la niña  se le ofrece un beso como premio a su rendición, planteando el aprendizaje en términos de enfrentamiento y chantaje emocional. Un buen modelo.
 Los momentos en que se ha de poner límites o se ha de ejercer la autoridad estructurante que necesitan los pequeños en su aprendizaje, son momentos en los que también se pone a prueba la madurez personal y profesional del docente a la hora intervenir. En mi caso,  el aprendizaje consciente que como padre he podido realizar junto a mi hijo, me ha dado algunos recursos que me están siendo útiles en el aula, aunque teniendo en cuenta la diferencia entre  los dos contextos educativos: escolar y familiar. He tenido que vencer algunas creencias que no me dejaban ceder en algún caso por miedo a que mi derrota supusiera un mal aprendizaje para el niño. Ahora me he dado cuenta que se ha de observar la situación y que a veces se ha de negociar, otras se ha de ser firme y otras se ha ceder teniendo en cuenta cual es aprendizaje y el modelo que más le aprovecha al niño en ese momento.  
El otro día en el comedor me vi en un inicio de pulso con una niña para evitar que  moviera   su silla mientras comía, hasta que me di cuenta hacia a dónde íbamos por ese camino. Observé la situación y decidí que era más importante que comiera tranquila a mantener mi posición y marcarle un límite….ya aprendería en otro momento a comer con la silla quieta.
En definitiva, creo que si estoy abierto al cambio y al aprendizaje conjunto con los niños siempre puedo ir madurando profesionalmente de manera que cada vez adquiera más recursos pedagógicos  y pueda evitar actuaciones como la del castigo que presencie en el aula de bebés.

Justificación de las competencias:

Al analizar mi propia experiencia, identifico mis debilidades y fortalezas en el ámbito del aula (2.1). También identifico mis propias creencias personales y las contrasto con las actividades de aula (2.2) plasmando mis dudas sobre el tema (2.5). La entrada es una reflexión que, a partir de la identificación de buenas prácticas educativas (4.2), busca maneras de mejorar mi actuación profesional como maetro (2.7).