El aula de bebés de ses Païsses "Els
peixets", está tranquila. Charo y yo estamos dando de comer a los bebés.
Se abre la puerta y entra una maestra con una niña del tercer nivel llorando.
La deja en el suelo pataleando y se va diciendo que ya está muy harta. Al
parecer no ha respetado las normas del comedor hasta hacer perder la paciencia
de la educadora. La pequeña llora insistentemente en el rincón del aula. En un
momento me acerco a ver como está y se me avisa de que la ignore. La ignoro. Me
siento incómodo con la situación. A los diez minutos vuelve la maestra, se
acerca a la niña y le dice si ya está preparada para volver al comedor
respetando las normas. La niña dice que sí. Se dan un beso i se van las dos
juntas. La tranquilidad vuelve al aula. Preparamos a los bebés para la
recogida.
En el caso
descrito se podría plantear la hipótesis
de que la maestra tiene la creencia consciente de que los métodos conductistas
de modificación de la conducta mediante estímulos negativos, como un castigo,
son adecuados y eficaces a la hora de
realizar un aprendizaje. Sin embargo, debajo de esta creencia podría haber
otras ocultas como el miedo a perder autoridad delante del niño o del grupo-clase,
lo que demuestra inseguridad en uno mismo. Esta inseguridad lleva a faltas de
respeto como la que vemos en esta situación en la que se “degrada” a la niña a
una condición que es insultante para ella :
“Si no sabes respetar las normas como una niña”….tendrás que estar con los
bebés. De esta forma se pone de manifiesto otra creencia que en este caso se
transmite a la niña y es que ser bebé es un estadio inferior. Por otro lado, también se podría decir que esa
creencia consciente en la metodología conductista oculta una falta de recursos
pedagógicos, lo que la lleva a utilizar
el más fácil: un método de eficacia contrastada a la hora de modificar
conductas: el castigo, dejando de lado las consecuencias que esto puede
acarrear en la niña. En este sentido, el miedo al cambio de la educadora, a
equivocarse, evita la búsqueda de otras herramientas pedagógicas y la reafirma en la eficacia de la que usa,
entrando en una espiral peligrosa que le permite ocultar su inseguridad
profesional. Para poner la guinda de esta intervención, vemos que después de
abandonar a la niña se le ofrece un beso
como premio a su rendición, planteando el aprendizaje en términos de
enfrentamiento y chantaje emocional. Un buen modelo.
El otro día en
el comedor me vi en un inicio de pulso con una niña para evitar que moviera su silla
mientras comía, hasta que me di cuenta hacia a dónde íbamos por ese camino. Observé
la situación y decidí que era más importante que comiera tranquila a mantener
mi posición y marcarle un límite….ya aprendería en otro momento a comer con la
silla quieta.
En definitiva,
creo que si estoy abierto al cambio y al aprendizaje conjunto con los niños
siempre puedo ir madurando profesionalmente de manera que cada vez adquiera más
recursos pedagógicos y pueda evitar
actuaciones como la del castigo que presencie en el aula de bebés.
Justificación de las competencias:
Al analizar mi propia experiencia, identifico mis debilidades y fortalezas en el ámbito del aula (2.1). También identifico mis propias creencias personales y las contrasto con las actividades de aula (2.2) plasmando mis dudas sobre el tema (2.5). La entrada es una reflexión que, a partir de la identificación de buenas prácticas educativas (4.2), busca maneras de mejorar mi actuación profesional como maetro (2.7).
Al analizar mi propia experiencia, identifico mis debilidades y fortalezas en el ámbito del aula (2.1). También identifico mis propias creencias personales y las contrasto con las actividades de aula (2.2) plasmando mis dudas sobre el tema (2.5). La entrada es una reflexión que, a partir de la identificación de buenas prácticas educativas (4.2), busca maneras de mejorar mi actuación profesional como maetro (2.7).