Este sábado por la tarde Ses Païsses se ha vestido de mar y de familia para la fiesta que culmina el proyecto marino que ha ocupado este segundo trimestre y que han cormpartido todos los grupos. Cada año la escoleta se convierte en anfitriona para dar visibilidad social a su trabajo y al de los niños en lo que se puede considerar una buena pràctica de centro.
El día
anterior se notaba cierto nerviosismo. Las educadoras preparaban el centro para
la visita de las familias: Se construía
un museo del mar con la aportación de artistas ibicencos y se vestían las paredes con los trabajos del trimestre,
con la sal, la pintura, la arena, las secuencias de fotos; un trabajo de
documentación donde se narraba la
memoria visual del proceso educativo vivido por los niños en este segundo trimestre, una biografía
de la cotidianidad del proyecto del mar que iba más allá de los resultados. En
palabras de A. Hoyuelos (2007): “una ocasión para releer los procesos de
aprendizaje”.
Esa tarde de sábado las familias conquistaron la
escoleta. Padres y madres intercambiaban impresiones, se conocían, comían,
charlaban, celebraban una acción de su hijo plasmada en una foto. Los hermanos
mayores daban otro ritmo, otra curiosidad diferente a los espacios comunes o a
algún aula transformada en taller. Algunos miembros del equipo docente, por su parte,
habían venido también con sus familias y se prestaban a las preguntas o al contacto
abierto y distendido.
Me presenté con mi familia y tuve la oportunidad
de vivir la escoleta de una forma diferente. Tuve la impresión de que se estaba
haciendo un ejercicio de coherencia con la línea educativa del centro, con su
concepción de escuela abierta (Tonucci, 1990) y su intento de ser fiel a la “pedagogía
sistémica”, con lo que implica de respeto al rol educativo de las familias y a la comunicación, con
lo que implica de aceptación y comprensión a la diversidad y al sentido de comunidad
educativa (Parellada, 2006). Sin embargo creí percibir un detalle no menor en
esta actividad compartida entre familias y docentes: Me pareció observar que en
algún momento se había perdido la perspectiva y que la fiesta se había convertido
en un fin en sí misma, con el peligro que conlleva de convertirse en una rutina
vacía. Me di cuenta que existe el peligro de dejarse llevar por la confianza en la eficacia
de una forma de hacer, de una actividad, de una fiesta, que se repite año tras año y
que funciona, olvidando los objetivos concretos con los que se había
programado. Justificación de las competencias:
Al observar el funcionamento del Centro, me cuestiono aspectos diversos de lo que he observado (3.1). Además, la entrada constituye un punto de reflexión sobre las dinámicas de trabajo, la relación con las familias y el contexto immediato (3.2).
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